Sin soberanía, sin historia
Junio 19 / 13 - Escrito por Francisco Torres

En tiempos antiguos cuando se trataba de destruir por completoa un pueblo, después de derrotarlo en batalla se derrumbaban sus ciudades y se sembraba de sal sus campos, sus habitantes eran vendidos como esclavos, sus dioses desterrados o atados a los carros de guerra de los vencedores, y su nombre, historia y lengua proscritos. Para consuelo, unos cuantos renegados alcanzaban el vergonzoso estipendio de la traición.

Con la llegada de la época de los monopolios y del imperialismo esos métodos fueron elevados a una macabra sabiduría. No es sino recordar los campos de exterminio de los nazis, la destrucción planificada de las naciones de Europa, Asia y África por el Eje, la esclavitud de sus trabajadores, la falsificación sistemática de la historia y la cultura, la propaganda elevada a ciencia de la desinformación.

¿Qué hace en ese terreno Estados Unidos, la súper potencia de nuestros tiempos? No obstante la curva pronunciada de su decadencia material y cultural –o quizá, precisamente por ello- el imperialismo del norte arrasa países (Irak, Afganistán, Libia –asociada con la Unión Europea-, Palestina –por la mano interpuesta de Israel) y anhela otros para sus misiles (Siria, Irán).

Despedaza las naciones -recordemos Yugoeslavia- y, como en la antigüedad, proscribe sus nombres.

Bombardea con préstamos leoninos e inversiones fatales a las naciones a las que somete y cada dólar hace parte de un racimo de bombas financieras. Los efectos son tan devastadores como los de los cohetes y los drones.Para quien lo dude, que vea las callesrepletas de miseria de las ciudades de todos los continentes.

Los campos de los países conquistados, donde se sembraba el pan coger,se convierten en desiertos por acción de la gran minería multinacional o se cultivan para beneficio delos monopolios que controlan la producción y el comercio mundiales.

Sin cadenas al cuello millones de hombres y mujeres del tercer mundo corren por desiertos interminables y navegan por mares procelosos, tratando de sortearlos perros de presa. Y, los que sobreviven, al llegar, son modernos esclavos del capital por ínfimos salarios, “razas inferiores” perseguidas por su aspecto.

También susculturas debenser destruidas y sushistorias, borradas cuidadosamente. En consecuencia, se trazan planes desde las agencias internacionales –BID, Banco Mundial- para ser puestos en ejecución por administraciones cipayas. Y no vayamos muy lejos, miremos esta Colombia atormentada:

Se hace uso de “razones pedagógicas”: que el niño no es capaz de entender en su separación las disciplinas, en este caso, la historia y la geografía, por lo cual se mezclan en el área de sociales, con consecuencias asombrosas: el conocimiento de la historia, sobre todo, de la de Colombia, y principalmente la de su lucha por la independencia nacional, ha sido arrasado. Y con ello ha partido también hacia la tierra del olvido el conocimiento de la geografía física. No sabemos de dónde venimos ni dónde estamos parados.

El Presidente de la Academia Colombiana de Historia, Enrique Gaviria, señala, en reportaje del primero de abril de El Tiempo, que “con la eliminación de la cátedra de historia en los colegios se ha ido perdiendo la identidad, y los estudiantes no conocen su pasado” y agrega, ante la pregunta de por qué no somos un país patriótico, una frase lapidaria, “un país que no conoce su historia está condenado a repetirla”.

En la misma entrevista “Álvaro Tirado Mejía dice: 'Las sociedades que no tienen conciencia de lo que son tienen el riesgo de diluirse'; Marco Palacio califica de error 'patético y garrafal' haber sacado del pensum de los colegios la historia y Jorge Orlando Melo dice que, inevitablemente, 'hay que conocer el pasado para entender el presente'”.

Hasta en editorial del 30 de marzo de este año ese periódico –tan apegado a las políticas de los gobiernos de Colombia y Estados Unidos- se queja como con la integración en el área de sociales en los últimos treinta años, “los colombianos no conocen su pasado y, como la estirpe de los Buendía, se sienten víctimas de un destino inevitable de violencia, corrupción, impunidad, arbitrariedad y exclusión, y discuten los problemas del país sin referencia seria a la experiencia previa”.

Pero quien mejor ha puesto al descubierto la conjura contra Colombia que hay en las decisiones de Washington celosamente aplicadas por el Ministerio de Educación, ha sido el profesor José Fernando Ocampo -cuya vida ha estado dedicada a ladefensa de la soberanía nacional de Colombia, sueducación y su historia-. Ha señalado la importancia estratégica de la enseñanza de la historia y la geografía en esta gravísima coyuntura en que con los Tratados de Libre Comercio se “estará definiendo la historia y la geografía –por lo menos la económica- de este país por muchos años hacia el futuro”. Y ha planteado como “ya no solamente fusiona la enseñanza de la historia y la geografía sino que coloca en el mismo paquete las ciencias naturales y las ciencias sociales. Se trata de la teoría de las competencias, hija directa del constructivismo”.

Y en verdad, como si ese aparato –el de la integración de la historia y la geografía en la difusa área de sociales- de borrar la memoria al estilo de los Hombres de Negro no fuera suficiente, como si la destrucción de las ciudades de nuestra cultura no le fuera garantía al imperialismo, le arroja sal a nuestros campos del conocimiento con los estándares y las competencias. La destrucción de Cartago por los romanos le queda chiquita.

Dado que para esa escuela –la del constructivismo- no existe verdad objetiva, todo es verdad, nada es verdad, el maestro no es maestro –apenas un incómodo y mal pagado acompañante-, vamos, como lo señala el profesor Ocampo, “al vaivén de las políticas dominantes”.

Tan alejada está la defensa de la soberanía nacional de Colombia de las intenciones del Gobierno que en los Estándares Básicos de Competencias (Documento No. 3, Ministerio de Educación Nacional, 2006., p. 119) acoge la neológica concepción de Mejía sobre la relación “glocal”, “el lugar en el cual lo global hace presencia en el mundo local” ¿Dónde queda lo nacional? En el cesto de la basura, que es lo que le conviene a los poderes extranjeros que avasallan a Colombia. Y no es un desliz en la perspectiva sino una concepción coherente que desarrolla en el cuerpo de los estándares: la soberanía nacional, la lucha secular por alcanzarla, mantenerla y reconquistarla se queda en un par de alusiones. Nada más. Así, la patria se reduce a unos símbolos despojados de contenido y a la mano en el pecho durante el himno, moda copiada servilmente de los usos de Estados Unidos.

No obstante, como dice Fito Páez, no todo está perdido.Ocampo aconseja a los colegios, en el marco de su autonomía educativa,separar la enseñanza de la historia y la geografía –semestralizándolas para no caer en el repetido absurdo de las asignaturas con una o dos horas de asignación semanales-; extenderlas hasta los grados décimo y undécimo, para no interrumpir su enseñanza cuando los jóvenes tienen más criterio e interés; tomar como punto de partida la historia nacional y su bicentenaria lucha por la soberanía nacional, para llegar a la universal; con una perspectiva científica; y hacia una comprensión del desarrollo de la sociedad humana en su conjunto.

En Educación y Cultura No. 72 el profesor Ocampo, además de analizar la catástrofe que se ha abatido sobre la enseñanza de la historia y la geografía,realiza una fabulosa propuesta de plan de estudios para las dos asignaturas, que bien pueden desarrollar los consejos académicos y directivos de las instituciones educativas.

No es tarea fácil luchar contra la integración, los estándares y las competencias, y sin embargo,imprescindible, sino queremos que se cumpla en toda su plenitud el título de este artículo: sin soberanía nacional, sin historia.

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Arauca, abril 8 de 2012

Escrito por Nixón Torres Carcamo

En estos días, como de costumbre, donde no se puede esperar nada fértil de tierra árida y desértica, el Congreso de la República, que no lo sentimos propio, precisamente porque siempre actúan legislativamente a favor de los intereses contrarios a los del común denominador

Escrito por Carlos Medina Gallego

Desde hace ya varias semanas viene flotando en el ambiente de la opinión pública nacional, alimentada por los medios de comunicación, la idea de que el Ejercito de Liberación Nacional (ELN) esta pronto a iniciar conversaciones con el Gobierno Nacional, que ya están listas las comisiones negociadoras de las partes y,  que incluso,  hay una agenda con posibles temas a discutirse. Es posible que algunos de esos rumores sean ciertos, pero cualquier cosa que se diga antes de que formalmente se oficialicen los diálogos, son simples especulaciones.

Lo más fresco que tenemos en materia de información directa es el saludo que Nicolás Rodríguez Bautista, comandante del ELN, presentó a través de un video,  al reciente Congreso Nacional para la  Paz. Allí hay un conjunto de enunciados que señalan cual es la postura del ELN frente a un posible proceso de Paz y que camino se seguiría en tal caso.

La expresión, “el pueblo habla, el pueblo manda", con que Nicolás Rodríguez inicia su intervención en el video,  es absolutamente determinante de la postura del ELN en relación con el modelo de negociación, que realizaría la organización, en un posible escenario de dialogo. Para la organización, la participación de la sociedad civil es determinante y esta está unida a la posibilidad de que la paz se construya desde las regiones, con las comunidades y a través de procesos democráticos que mandaten los cambios y transformaciones que deben producirse; de ahí que retome la idea de un Movimiento Nacional por la Paz que conduzca a una Convención Nacional y se plantee como mecanismo de refrendación una Asamblea Nacional Constituyente.

Tres elementos serian importantes resaltar de la intervención del comandante del ELN en el camino hacia la paz con esta organización:

1. Contrario a otros procesos lo que busca el ELN es mediar como actor armado en un proceso de paz donde la vocería central la tendría la sociedad en su conjunto. Es esto lo que se desprende de la afirmación hecha por la organización al señalar que “El ELN le ha dicho al país que está dispuesto a sentarse en la mesa de diálogos con el gobierno, a buscar un ambiente propicio y caminos ciertos, para que se exprese y materialice por parte de las mayorías, la gran agenda recogida en los mandatos de años de luchas populares y sociales, que es lo más auténtico del sentir de las mayorías”. Lo que significaría que la agenda del ELN no sería otra que la mandatada por las comunidades en los distintos eventos nacionales realizados en los últimos años: El ELN ha asumido el mandato de la paz como un objetivo estratégico.

Si el anterior planteamiento en un primer momento pareciera difícil, la propuesta del ELN ayuda a irlo resolviendo pues crea los mecanismos para que todas esas demandas confluyan en un espacio común, que es lo que constituye el segundo aspecto a resaltar

2. El ELN retoma la idea de la Convención Nacional como un espacio en el que se expresan todas las fuerzas sociales y políticas con sus respectivas propuestas y construyen en colectivo un Mandato Nacional de Paz, según lo señalan al afirmar “Hemos propuesto la importancia de una Convención Nacional, como mecanismo democrático de encuentro y participación popular y democrática, donde las mayorías se expresen”. La idea del ELN de aumentar la capacidad de interlocución y participación de la sociedad civil se centraría en los esfuerzos que pudieran hacerse para que la Convención Nacional produjera un acuerdo político de transformaciones económicas,  sociales y políticas que condujera a la dignificación de la vida de los colombianos.

3. Ese Acuerdo Político resultante de la Convención Nacional debe terminar refrendándose en una Asamblea Nacional Constituyente, según lo afirman al señalar: “…igual hemos planteado que una constituyente refrende las grandes decisiones salidas de un verdadero proceso democrático popular y social”. Y esto implica,  en la actual coyuntura,  que más allá de si hay una mesa paralela con el ELN, si se utiliza como mecanismo de refrendación de los acuerdos, como lo viene reclamando las FARC-EP, una constituyente, ambos procesos se encontrarían en ese único escenario.  De ahí se deriva que el ELN y el Gobierno nacional, deben acelerar los procesos de acercamiento y la definición de una  “agenda operativa”, realista y concreta, que satisfaga las partes y se inserten  en las dinámicas sociales e institucionales que se adelantan.

De manera simultánea, el mensaje del ELN al Congreso Nacional para la PAZ, plantea la necesidad de construir un proceso de unidad política “…que aglutine a las organizaciones populares y sociales, los partidos y otras agrupaciones…”, con la idea que “Ha llegado la hora de superar ese andar de cada organización partido o grupo por su lado”. A través de este planteamiento,  construido desde los imaginarios del sacerdote Camilo Torres Restrepo, el ELN convoca a los sectores políticos a retomar la idea del Frente Unido de manera que,  en torno al discurso de la paz,  se constituyan en una frente de confluencia política capaz de convertirse en alternativa de poder.

Es posible que en las próximas semanas el país se vea alegremente sorprendido con el anuncio de inicio de un proceso de conversaciones con el ELN; por ahora, lo único que se tiene es este conjunto de idea sueltas y el compromiso hecho por Nicolás Rodríguez Bautista de estar dispuestos a todo por alcanzar la PAZ.

Escrito por Juan C. Agudelo

Es la primera vez que los técnicos de la DIAN no intervienen directamente en la elaboración del borrador de la Reforma Tributaria. La unidad de estudios económicos de la entidad realizaba los estudios que consistían en la modelación econométrica de escenarios tributarios con y sin reforma tributaria.

Escrito por Juan Carlos Agudelo Rodríguez | Pedro Giovanni Caro Estupiñan

La fórmula para: “generar empleo + formalidad + equidad = prosperidad para todos” es un  embuste.

La reforma tributaria que cursa en las comisiones terceras de Senado y Cámara, es en esencia una reforma laboral de cierre del periodo de reformas introducidas desde principios de la década delos 90ª y profundizadas a principio de la década pasada.

Escrito por César A. Luque F.

En 142 establecimientos carcelarios mal viven más de 111 mil colombianos(as)

En Colombia de vieja data se cree, sin ningún rigor científico, que gran parte de los problemas nacionales, por lo general sociales, se arreglan catalogándolos como delitos

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